Snowden: la filtración que puso sobre la mesa la privacidad de los datos

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Edward Snowden lo tenía todo para ser un patriota modelo: inteligencia, formación técnica y un lugar en la CIA. Pero en 2013 decidió desafiar al poder más grande del planeta revelando el lado oscuro de la vigilancia digital. Esta es la historia del hombre que obligó al mundo a mirar con otros ojos su privacidad.

Nacido en Carolina del Norte (EE.UU.) en 1983, Edward Joseph Snowden estudió computación en Maryland, se alistó al ejército en 2004 (sueño que quedó trunco ya que sufrió un accidente durante un entrenamiento), se desempeñó como guardia de seguridad para la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), y finalmente, gracias a su expertise en seguridad informática, comenzó a trabajar para la CIA.

Pero en junio de 2013 todo cambió. Drástica y dramáticamente: “No podía permitir en conciencia que el gobierno de Estados Unidos destruya la privacidad, la libertad en Internet y las libertades básicas de personas de todo el mundo con esta máquina de vigilancia masiva que están construyendo en secreto”.

Esas fueron las palabras que utilizó el propio Snowden para explicarle al mundo su decisión de hacer públicos documentos clasificados como “alto secreto” sobre los programas de vigilancia masiva utilizados por la NSA, como PRISM (permite acceder al contenido de dispositivos móviles de forma remota, como al micrófono, la cámara y la localización) y XKeyscore (se utiliza para buscar y analizar datos en Internet sin autorización previa).

La repercusión de la filtración publicada por The Guardian y The Washington Post fue inmediata y el impacto profundo, sobre todo si se tiene en cuenta el contexto político estadounidense de aquellos años.

Corría el año 2008 cuando el ese entonces senador Barack Obama denunciaba a Bush y a toda su gestión con motivo de las escuchas sin orden judicial. De hecho, fue uno de sus pilares de la campaña: “No más escuchas ilegales de ciudadanos estadounidenses. No más ignorar la ley cuando sea inconveniente”.

El reconocido refrán pocas veces se equivoca, y Obama terminó preso de sus propias palabras. Al obtener la nominación presidencial por parte del Partido Demócrata, votó favorablemente para la inmunidad de las empresas de telecomunicaciones, que se tradujo en un incremento exponencial de las incautaciones de datos personales para la NSA.

El Washington Post entregó un dato alarmante: en 2010, los sistemas de recopilación de la NSA “interceptaban y almacenaban más de 1.700 millones de correos electrónicos, llamadas telefónicas y otro tipo de comunicaciones” por día. Este es el escenario en el que, finalmente, se produce la filtración.

El 6 de junio de 2013 se publicaron los documentos, y la respuesta de la Casa Blanca, por supuesto, no tardaría en llegar: “Registrar las llamadas telefónicas de los ciudadanos de los Estados Unidos es una herramienta crítica para combatir al terrorismo”.

Pero la visión de Snowden sobre las acciones de la NSA era distinta, ya que las consideraba parte del “cambio más significativo en la historia del espionaje estadounidense, pasando de la vigilancia selectiva de individuos a la vigilancia masiva de poblaciones enteras”. Y hasta se permitía graficarlo de una manera contundente: “Desde mi escritorio, ciertamente tenía el poder de escuchar las conversaciones de todo el mundo”.

Dicho de otra manera, estos informes confirmaban que las agencias de inteligencia de Estados Unidos (junto a otros países aliados) monitoreaban de manera masiva a la población mundial. Hablamos de miles de millones de personas en todo el mundo, entre los que se incluían por supuesto, jefes de Estado e importantes empresarios.

El coletazo político fue real. Pero para Snowden, hubo otro pilar que lo impulsó a realizar la infiltración más allá del riesgo de ser tratado como un traidor a la patria: “Ahora la gente conoce lo que ocurre. Hoy todo el mundo es consciente de que Facebook tiene malas intenciones, Google tiene malas intenciones, todas estas empresas están tratando de moldear e influir no solo en nuestras sociedades sino también en nuestras vidas. El primer paso para resolver el problema es crear un sentido compartido de comprensión”.

Según un estudio realizado por Alex Marthews, experto en privacidad y miembro de Digital Fourth, y Catherine Tucker, economista en el MIT, Snowden logró su cometido, ya que los usuarios y usuarias evidenciaron cambios en el uso de Internet, por ejemplo, siendo más cuidados@s con los términos de búsqueda que utilizaban (como buscar "bombas", por ejemplo).

Lo cierto que más allá de haber concretado una de las filtraciones más importantes y significativas de la historia e intentar, según sus palabras, generar conciencia sobre la privacidad y seguridad de los datos de usuarias y usuarios (con métodos no tan indicados), Snowden tiró por la borda varios supuestos vinculados a la seguridad de la información, como que los atacantes externos son la peor amenaza o que las organizaciones pueden preservar la confidencialidad en los medios digitales.

Un párrafo aparte merece, sin duda, los avatares que vivió el propio Snowden tras la filtración: huyó hacia Rusia (se cree que vía Hong Kong) donde en el 2022, y por decreto de Vladimir Putin, obtuvo la nacionalidad; solicitó asilo en países como Ecuador, España, Cuba y Venezuela (entre otros); y el Departamento de Justicia de los Estados Unidos clasificó su participación en el programa PRISM como un asunto criminal. En 2016, Oliver Stone decidió llevar esta historia al cine, y durante 2019 Snowden publicó autobiografía “Vigilancia permanente”.

Sí, la vida de Snowden ya no fue la misma. Lo mismo que la visión de las personas sobre la privacidad de sus propios datos.