
La IA transforma el mundo, pero ¿cuál es el costo ambiental de eso? Descubrí cómo la energía, el agua y la desigualdad marcan esta revolución digital.
Pocas tecnologías han moldeado el siglo XXI con tanta rapidez como la inteligencia artificial (IA). Esta revolución digital ya impacta a casi todos los sectores y promete llegar aún más lejos, consolidándose como una tecnología clave para el progreso.
Pero detrás de la innovación, hay una pregunta crítica que no podemos ignorar: ¿cuál es el impacto ambiental de la IA? Estar informados sobre esto nos permite tomar decisiones más conscientes y avanzar hacia un uso responsable de la inteligencia artificial, desarrollando prácticas que acompañen este progreso tecnológico de la mejor manera.
1. El costo energético de la inteligencia artificial
Entrenar modelos exige mucha energía
Entrenar un modelo de IA de gran escala, como el GPT-3, requiere millones de interacciones computacionales. Según el MIT News, el consumo de energía puede superar los 1.300 megavatios-hora, una cantidad suficiente para abastecer una casa estadounidense durante más de 120 años.
Y el costo no termina en el entrenamiento. El uso diario de la IA por millones de personas también demanda un suministro constante de energía para los servidores, lo que incrementa la huella de carbono global.
2. El uso intensivo de agua: el recurso olvidado
La refrigeración de servidores consume agua en exceso
El uso de agua por parte de los centros de datos todavía es un tema poco debatido, pero tiene un impacto ambiental significativo. Según la revista Smart Water Magazine, estas infraestructuras consumen grandes volúmenes de agua para enfriar sus servidores y, muchas veces, están ubicadas en regiones con estrés hídrico.
Un estudio de la Universidad de Riverside, en Estados Unidos, estimó que de 10 a 50 interacciones con IA generativa pueden consumir el equivalente a un vaso de agua. A escala global, con miles de millones de solicitudes diarias, el impacto se vuelve crítico.
Este debate ganó visibilidad tras la viralización de imágenes generadas por IA inspiradas en el estilo de Studio Ghibli, que llamaron la atención no solo por su estética, sino también por el costo ambiental oculto detrás del entretenimiento digital. Casos como este evidencian cómo el uso aparentemente inofensivo de tecnologías puede tener consecuencias concretas para los recursos naturales.
3. Desigualdad ambiental: ¿quién paga la cuenta de la IA?
La distribución desigual de los impactos ambientales es otro problema crítico en la carrera tecnológica. Los países del Norte Global concentran la mayor parte de los centros de datos, la infraestructura tecnológica y los beneficios económicos de la automatización. En contraste, el Sur Global asume una parte significativa de las consecuencias ambientales y sociales de este modelo.
La extracción de minerales raros, como litio, cobalto y tierras esenciales para la fabricación de chips, baterías y servidores, ocurre mayoritariamente en regiones vulnerables, frecuentemente marcadas por la explotación de comunidades locales, la degradación ambiental y violaciones de derechos humanos.
Un informe de Amnesty International y Global Witness denuncia que, en países como la República Democrática del Congo y Chile, las comunidades enfrentan riesgos para la salud, contaminación del agua y desplazamiento forzado como resultado directo de la minería orientada a la cadena tecnológica.
4. Caminos hacia una IA sostenible
A pesar de los desafíos, la IA puede ser una aliada del medio ambiente si se desarrolla con responsabilidad.
Soluciones ya en uso incluyen:
• Predicción de patrones climáticos
• Monitoreo de la deforestación
• Optimización de la eficiencia energética en edificios
• Reducción del desperdicio en la agricultura
Según UNEP (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente), el uso ético de la IA exige principios claros y decisiones conscientes a lo largo de todo su ciclo de vida.
5. Buenas prácticas recomendadas por especialistas
El National Centre for AI, en Reino Unido, recomienda:
• Preferencia por modelos más livianos y eficientes
• Adopción de fuentes renovables de energía
• Informes de impacto ambiental por parte de las empresas tecnológicas
• Construcción de centros de datos en lugares con menor estrés hídrico
Estas acciones ayudan a mitigar los impactos y a construir una IA más sostenible.
Conclusión: tecnología sí, pero con responsabilidad
La inteligencia artificial seguirá creciendo y, sin dudas, forma parte de un progreso tecnológico que está impactando a personas, gobiernos y empresas en todo el mundo y en todos los sectores. Pero su legado ambiental depende de las decisiones que se tomen hoy. Más que preguntarnos “¿qué puede hacer la IA por el mundo?”, es momento de reflexionar: ¿qué mundo estamos dispuestos a construir para que funcione? La respuesta llegará de las decisiones políticas, empresariales e individuales que tomemos de ahora en adelante.
En ESET, creemos que el verdadero progreso solo es posible si se construye de forma sostenible. Por eso, nos dedicamos a proteger los avances que la tecnología ofrece, promoviendo un entorno más seguro, ético y consciente. Actuamos con responsabilidad social empresarial, alineando nuestras decisiones con los pilares económico, social y ambiental, y buscamos que cada acción refleje nuestros valores institucionales.
Nuestra gestión se basa en decisiones que consideran el impacto de la tecnología desde todos los ángulos, con especial atención al compromiso con la educación y la seguridad de la información. Cuidar el medioambiente, promover el bienestar colectivo y fomentar un uso responsable de la innovación forman parte de nuestra esencia. Así trabajamos para garantizar que el futuro digital sea sostenible para todos.